Qué es la curva del gran Gatsby

qué es la curva del gran Gatsby

La novela escrita por Scott Fitzgerald en los años 20, que cuenta la historia de Jay Gatsby, un hombre de origen humilde que se reinventa a sí mismo y consigue hacerse rico en la sociedad americana de aquel momento, inspiró en 2012 a Alan Krueger, asesor económico de Barack Obama, para explicar la relación entre movilidad social y desigualdad de renta. El concepto de curva del Gran Gatsby sirvió al economista estadounidense para ilustrar la relación entre el nivel de ingresos y la de educación de una generación y la capacidad de las generaciones futuras para ascender en la escala económica en función del grado de desigualdad económica del país donde se vive.

La curva del Gran Gatsby es, por tanto, un modelo que permite medir qué probabilidad hay de saltar de una clase baja a una más alta, es decir, qué posibilidades tiene, por ejemplo, el hijo de un obrero de convertirse en directivo. Y es que esta curva establece una relación directa entre movilidad intergeneracional y desigualdad económica. Así, a mayor movilidad, mayor igualdad. Y a la inversa, a mayor igualdad, mayor movilidad.

Para conocer la correlación entre la desigualdad social y la movilidad social dentro de los países, la curva del Gran Gatsby establece una relación positiva entre el coeficiente de Gini (un indicador que se usa para medir el nivel de desigualdad existente entre los habitantes de una región, cuyo resultado es un número entre 0 y 1, donde 0 es la perfecta igualdad y 1 representa a la máxima desigualdad), y la elasticidad de ingresos entre dos generaciones (qué porcentaje del ingreso de una generación se transmite a la siguiente). Si el resultado es 0, significa que hay movilidad total y que la renta de cada uno depende de sí mismo, y si es 1, significa que la renta de los hijos va a estar totalmente determinada por la de los padres.

curva del gran Gatsby

Así, mientras que en Dinamarca, uno de los países con un coeficiente Gini más bajo, sólo el 15% de los ingresos actuales de un adulto joven dependen de los ingresos de sus padres; en Perú, uno de los países con coeficiente de Gini más elevados, dos tercios de lo que gana actualmente una persona se relacionan con lo que sus padres ganaron en el pasado.

A la vista de esto, las situaciones más favorables se dan en los países situados en la parte baja de la tabla, como Suecia, Dinamarca, Noruega o Finlandia, con bajos niveles de desigualdad, con curvas con mayor movilidad y, por tanto, con más posibilidades de que los hijos de los pobres o con un nivel educativo bajo, dejen de serlo.

Por el contrario, países como Brasil, Chile y Perú muestran una elevada desigualdad, que provoca grandes diferencias en las oportunidades y calidad de la educación de los hijos de personas con menos ingresos, lo que conlleva que esa desigualdad tienda a reproducirse en su generación. Es decir, tienen una movilidad más baja y también son más escasas las probabilidades de que los hijos de gente de una clase social más baja dejen de serlo y de que lleguen a tener formación si sus padres no la tienen.

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